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Pero no le bastaba. Así que se dijo ésta es la mía, se puso una corbata y pidió una entrevista. No daba el perfil de Protón y tuvo que conformarse con Electrón, aunque su comportamiento modélico le valió en seguida un donoso carné de Átomo de Sodio (casi Na) desde el que pudo, no sin ciertas veladas maniobras, presentarse a Célula. La nota le llegó rascada, sufrió una moderada pasantía y pronto estaba intrigando en los pasillos de la materia por un acceso a Feto más que improbable. Con su nuevo diploma bajo su nuevo brazo accedió sin brillo pero con rigor a Bebé, y después nada menos que a Niño, pasando a ingresar de la mano de mamá a un centro público de Educación Infantil a tres manzanas de casa. Fue coser y cantar que su nombre figurara en la lista de adscritos a Educación Primaria, y allí sus calificaciones, flojas pero sistemáticas, hicieron posible su salto a Educación Secundaria más el subsecuente vuelo al abismo del amor y granos del Bachillerato. Mal que bien atravesó el calvario de la Selectividad asistido por una profesora particular de la que se enamoró y un puñado de chuletas grabadas en bolis bic. Quería Teleco (8.5) pero tuvo que conformarse con Filología Hispánica (5). Los cursos pasaron volando entre la cafetería y el campus, charlando con chicas y fumando porros. El Segundo Ciclo siguió al Primero y un día se vio rellenando la matrícula del Doctorado. Con algunos trabajos bajados de Internet obtuvo el Diploma de Suficiencia Investigadora y realizó una Tesis sin beca sobre las anotaciones marginales de un oscuro agustino a un tratado de agrimensura en verso de fray Bernardino de Carranza (s. XVI), que fue calificada apta tras un par de cenas con langostinos (los langostinos en la mesa, se entiende). Similares estrategias lo catapultaron a Tutor de alumnos californianos en una asignatura de libre elección, y de ahí a Profesor Asociado y más tarde a Titular con despacho propio, barriga y esposa. Tuvo que reunir centenares de puntos en conferencias, publicaciones, ponencias y cursos de verano para acariciar las oposiciones a Catedrático, que sólo logró después de siete convocatorias. Cuando ya era Vicedecano sorprendió a todos menos a él la muerte repentina del Decano, que dejó el puesto vacante. Y en la cama de la Rectora se ultimó su ascenso, poco antes del óbito de la misma con una carta de recomendación en a mano yerta. Numerosas apariciones públicas hicieron resonar su nombre por los pasillos de la sede provincial de la formación política mayoritaria, así que la Concejalía fue aprobada con suficientes votos, así como su inclusión en el grupo parlamentario, constituyéndose como uno de los hombres de confianza del Ministerio de Fomento. Sólo en la siguiente legislatura gozó del visto bueno para asumir tan enjundiosa cartera, y el derrumbe del sector ferroviario pudo solaparse con ciertas declaraciones televisivas acerca del viento en popa hostelero. Después de un tenso y forzoso periodo de alternancia, el partido, aún conmocionado por la desaparición de su líder entre los restos de un coche bomba, aplaudío con convicción su nombramiento como Presidente del Gobierno, dejando en sus manos un panorama delicado de alianzas y birlibirloques en el Hemiciclo. Comenzó a frecuentar con ahínco las entretelas de Palacio, hasta que ante el asombro colectivo el Rey abdicó en su nombre y mandó al exilio al Príncipe. La revuelta popular pudo aplacarse con dosis de visitas a plantas de pediatría y cargas antidisturbios. Cuando las aguas se calmaron canceló todas sus actividades y se arrodilló de incógnito en todos los templos, día y noche, sin demasiada fe mas con extremaunción, hasta que un rayo directo desde el altar mayor le iluminó la calva y ascendió entre vítores de júbilo a las nubes, donde le fue concedido el grado de Ángel. No se presentó a pocos castings a Arcángel hasta conseguirlo. Aún le resultó más difícil ser Dios, porque no estaba confirmado y además era agnóstico. Pero por fin logró que la muerte de Dios pareciera un accidente, responsabilidad de ciertos ideólogos nihilistas. Ya inefable, se reencarnó e hizo campaña para Presidente de los Estados Unidos entre globitos con barras y estrellas. Una vez asumió el poder, comunicó vía satélite su propia metamorfosis a Estados Unidos. Como País pudo promocionar a Continente, de ahí a Hemisferio hubo un paso y sin comerlo ni beberlo era un Planeta girando alrededor de una Estrella que le cedió el puesto pocos eones antes de colapsar. Pasó por los pelos las pruebas a Sistema Solar, copió en el exámen de Galaxia y por fín su cargo de Universo recibió el beneplácito del Cosmos, que a su vez cedió su posición tras un chantaje nunca demostrado. Así las cosas, perseveró acechando la ocasión propicia hasta reunir los requisitos mínimos y convertirse en el flamante Infinito. Pero no le bastaba. Así que se dijo ésta es la mía, se puso una corbata y pidió una entrevista.  

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2 comentarios

Likuid -

Genial, de genio. Y no del malo, del bueno.
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Amic -

¡Qué bien poder leerte por aquí!
Tras los sustos pasados no te será difícil seguir con las oposiciones a genio... pero deja la corbata, que mola más el bochinche coño! ;-)
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