el documento rAta 5 - pokol
Diez para cuatro, Aire cargado, Existencia pesada, Arrastro. Poco a poco Pienso en mañana, Todo será mejor O, nada cambiará. Mientras dudo, Lato, percibo, Mi piel tensa, Cuerpo perdido. Volverá, como siempre, Para herirme, Tocarme, decirme, Estoy aquí, No me olvides
el documento rAta 4 - gazpachoman
Cutreland París Chonicles (IV) Que madre no hay más que una bien lo saben en esta tierra de sangre y fuego. Si no me creéis, prestad atención: en cuanto el hombre tormenta, el hombre que se jactaba de haber obligado a Dios a exiliarse al Paraíso "por ser el mundo demasiado pequeño para los dos", llegó a Cutreland París con promesas de venganza, Ludovica Pasión fue a rogarle en un mar de lágrimas por la vida de El Guaperas Underground. Dado que también había tenido madre y sabedor de que su amigo O Rei do Chichinabo había perecido en un noble lance de amor, Johhny Cadáver ejercitó sus dotes salomónicas y preguntó a Ludovica Pasión qué castigo aplicaría a su propio hijo por el crimen cometido. ¡Terrible instante para la famosa bailaora! quien, al borde del desfallecimiento, sintiose de repente poseída por la Divina Gracia y abrió la boca para pronunciar estas palabras: "Puesto que por una mujer ha matado, justo es que en mujer se convierta. Y puesto que en el nombre del Amor ha matado, justo es que, bajo el muy artístico nombre de Dolores Rubirosa, a cantar al Amor dedique el resto de sus días". Y Johnny Cadáver dijo: "Así sea". Y así fue. (¡Quién se atreve a imaginar de qué horrible manera hubiera partido del mundo el, hasta entonces, joven más hermoso de estos lares de no haber intercedido la madre que lo parió!). Que madre no hay más que una bien lo saben en Cutreland París.
el documento rAta 4 - el cabra
Horizonte que no cesa He vagado: por soledades, sin nombre Y por nombres que me han dado soledades He dado mi vida, mi sangre y todo He sido: vela en el camino, fuego fatuo Sonrisa de primavera, corazón de otoño Alma de invierno invernada Me he visto: cantando a la luna Escupir el cielo Llorar a la tierra que se deshacía a mis pasos Y mi sombra se marchaba con otra Y mi voz se hacía amante del silencio Y mis besos secos bailaban solos la noche de los /enamorados Soy: ceniza que resurge de la quema Corazón latiente Mano abierta, lágrimas secas Y ahora voy: donde el horizonte me lleva
el documento rAta 4 - martashajor
La rata artista Despojo exiliado de la luz superviviente de inmundicia, huele hierba en las cloacas infestadas de aromáticos rechazos. Refleja su historia La Vergüenza, reciclada en inconsciente belleza por la rata. En su orgullo no hay piedad sino en las sombras el consuelo del reinado; el silencio de soledad avivado por el calor magnético de las plagas. Sudando humedad Gimiendo su desventura de incomprensión. No vive el repudio, goza el relegamiento del excéntrico en su envidiado mundo bohemio de alcantarillado.
el documento rAta 4 - anaC

Bustonianos
el documento rAta 4 - óxido
estás otra vez en el cielo haciendo lo que queremos mi amigo es un puñado de facturas pop está todo bien volviendo al camino, lo oigo el tiempo es un destornillador solitario cuando despierto sonámbulo inundado puedes hacer que consiga quererme a mí mismo quiero ser tu paraíso entender las modas fascistas disparadas es sólo un comentario mientras descansamos del divertido marmoteo es un negocio redeseado, nosotros continuamos en un libro pienso que me equivoqué entonces enséñame los ineficaces intentos de apología cool la chica no me besa al acabar el día me muestra un extra de la situación que ha perdido sólo visten vestidos colgados de medias de seda
el documento rAta 4 - lucrezia xz
Tiempo Qué puedo hacer si mi brillo de nácar se apaga, Cómo puedo luchar contra las lucrecias eternas y caprichosas, Si mis mieles ya no me miran, Si mis lamentos se apagan posponiendo encuentros, Como ser estatua de Cárrara, Compañera de David eterna, Ver impasible pasar los siglos sin morir, Observar altanera los gestos de la gente que te mira, Sin saber si ríen, lloran, si ven crecer a sus hijos, qué sienten, Cómo ser de piedra y liquen eternos, Que ni la lluvia penetre, Frágil y dura como diamante, ¡Que mi corazón se parta en mil!, Cómo duele el tiempo ... Cómo duele el ser ... Cómo duele el amor ...
el documento rAta 4 - sick
Busco ... La expresión concentrada La palabra que se ajusta al pensamiento como tu verga a mi cuerpo El ensamblaje perfecto Látex para el cerebro
el documento rAta 3 - gazpachoman
Cutreland París Chronicles (III) (bis) En recompensa al favor que le hizo a una hippie norteamericana que no pillaba cacho desde Woodstock ´69, ésta le largó el soplo de que I.B., también conocido como el Maestro, tenía establecido su sanctasanctórum en Orgasmia, una pequeña región boscosa a las afueras de Bombay Julai. Con su determinación característica, Andreas Panathinakis se presentó como un nuevo pupilo de I.B., y bien porque el Maestro viese en Andreas un fiel reflejo de su propia juventud, bien simplemente porque su culito respingón le llamase la atención, Andreas se convirtió en su acólito preferido. Y así, a lo largo de interminables paseos en aquel paisaje edénico, aprendió la táctica del Colibrí Jocoso, la del Caracol Mimético, la del Macaco Travesero... (¿de verdad se podían hacer esas cosas con esas partes del cuerpo?); también descubrió que con su mente podía ejercer un control absoluto sobre su cuerpo, hasta el punto de dotar a su pene, con la ayuda de una alimentación adecuada, del sabor que él quisiera (siendo el de chocolate y el de gominota los que mayor éxito despertaban). Y llegó un día en que Andreas Panathinakis hubo de enfrentarse a la prueba definitiva: dejar satisfecha a la Casi Imposible de Satisfacer. Optó Andreas por el camino de la paciencia. Durante siete días y siete noches permaneció encerrado en la choza de la Casi Imposible de Satisfacer, explorando su cuerpo, arrullándolo con besos y caricias hasta que, en la séptima noche, se oyeron en Bombay Julai unos gritos de placer como hacía 30 años que no se oían. El gran I.B. pensó entonces: "He aquí mi sucesor". Y ésta y no otra ha sido la historia de Andrea Panathinakis, el hombre que empezó su vida siendo un "lenteja" y que la terminó legando al mundo el valiosísimo tratado del sexo "La Barca del Amor... ¡pronto volverá a partir!".

