Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2008.
el documento rAta 4 - el cabra
Horizonte que no cesa He vagado: por soledades, sin nombre Y por nombres que me han dado soledades He dado mi vida, mi sangre y todo He sido: vela en el camino, fuego fatuo Sonrisa de primavera, corazón de otoño Alma de invierno invernada Me he visto: cantando a la luna Escupir el cielo Llorar a la tierra que se deshacía a mis pasos Y mi sombra se marchaba con otra Y mi voz se hacía amante del silencio Y mis besos secos bailaban solos la noche de los /enamorados Soy: ceniza que resurge de la quema Corazón latiente Mano abierta, lágrimas secas Y ahora voy: donde el horizonte me lleva
el documento rAta 4 - gazpachoman
Cutreland París Chonicles (IV) Que madre no hay más que una bien lo saben en esta tierra de sangre y fuego. Si no me creéis, prestad atención: en cuanto el hombre tormenta, el hombre que se jactaba de haber obligado a Dios a exiliarse al Paraíso "por ser el mundo demasiado pequeño para los dos", llegó a Cutreland París con promesas de venganza, Ludovica Pasión fue a rogarle en un mar de lágrimas por la vida de El Guaperas Underground. Dado que también había tenido madre y sabedor de que su amigo O Rei do Chichinabo había perecido en un noble lance de amor, Johhny Cadáver ejercitó sus dotes salomónicas y preguntó a Ludovica Pasión qué castigo aplicaría a su propio hijo por el crimen cometido. ¡Terrible instante para la famosa bailaora! quien, al borde del desfallecimiento, sintiose de repente poseída por la Divina Gracia y abrió la boca para pronunciar estas palabras: "Puesto que por una mujer ha matado, justo es que en mujer se convierta. Y puesto que en el nombre del Amor ha matado, justo es que, bajo el muy artístico nombre de Dolores Rubirosa, a cantar al Amor dedique el resto de sus días". Y Johnny Cadáver dijo: "Así sea". Y así fue. (¡Quién se atreve a imaginar de qué horrible manera hubiera partido del mundo el, hasta entonces, joven más hermoso de estos lares de no haber intercedido la madre que lo parió!). Que madre no hay más que una bien lo saben en Cutreland París.
